¿Qué es el Puerperio?

(Vía Alojar)

 

Los últimos 9 meses fueron seguramente los más intensos de tu vida. Los pasaste entre emociones, ecografías y preparativos para llegar con todo listo al parto. Después de haber imaginado a tu bebé en detalle desde que escuchaste sus latidos por primera vez, llegó el momento en que podés mirarlo a los ojos, tenerlo en brazos… pero no es como soñaste o como te mostraban en las publicidades.  Estás feliz, pero a la vez algo te incomoda, te sentís confusa, desorientada, incomprendida. Tenés ganas de llorar, te haces preguntas que no te animás a verbalizar, estás aislada de todo lo que hasta hace poco te resultaba cotidiano… bienvenida al puerperio!

 

El lapso de tiempo que abarca desde el nacimiento del bebé hasta aproximadamente los 40 días posteriores al parto es lo que se entiende por puerperio. Durante este período los órganos genitales, el útero, el sistema hormonal y el organismo en general, se reacomodan hasta alcanzar las condiciones pregestacionales. Pero esta definición nada dice del estado psicoemocional de la mujer que acaba de convertirse en madre, aunque es en el campo afectivo donde se producen los cambios más profundos. Los 40 días mencionados sólo responden a los criterios del alta médica, que convalida la capacidad de la mujer para sostener la lactancia y el cuidado de su bebé, y la habilita para retomar su actividad física y reiniciar su vida sexual activa.

 

Pero en los hechos sucede algo más. Con la llegada del bebé la mujer experimenta una sensación de pérdida: de la intimidad, de la libertad, de la autonomía, de la identidad. Las actividades habituales (sociales, laborales, académicas, recreativas) quedan en suspenso. El lazo con los otros se tiñe de maternidad, y todo gira en torno a pañales, teta y sueño. Además el cuidado personal pasa a un plano secundario, se vuelve totalmente postergable y podés andar en pijamas las 24 horas sin darte cuenta… La mujer que eras también quedó en suspenso. Cómo no sentir angustia y confusión?!  Es que el primer período del puerperio es pura contradicción. Aparecen sentimientos intensos de alegría, amor, tristeza, soledad, miedo. Sentís una felicidad incomparable por la llegada de tu hijo, pero también tenés ganas de llorar sin saber por qué y podés pasar de la alegría a la angustia en un instante. Es importante aceptar esos momentos de ambivalencia como pasos naturales y necesarios en la construcción del vínculo madre-hijo, los cuales son además absolutamente singulares, y el modo de atravesarlos dependerá de la historia propia de cada mamá, de cada pareja, de su estilo vincular, de sus figuras de identificación y de sus ideales.

 

Contar con el apoyo del papá en esta etapa es fundamental, porque él será el encargado de sostener y contener a la díada mamá-bebé, favoreciendo la instalación del vínculo, llevando la calma en aquellos momentos en que la madre se siente desbordada, y resguardándola de las presiones del entorno, muchas veces ávido de que “vuelva a ser la de antes”. También es importante armar previo al nacimiento una red de  personas cercanas (amigas, hermanas, madre, vecina) que puedan ayudar durante los primeros tiempos, pero para esto es indispensable ser capaces de pedir ayuda, reconocer que no somos todopoderosas y que necesitamos de los otros para atravesar este período de la manera más armoniosa posible, por el bienestar propio y el de nuestro hijo.

 

Es muy importante que en este momento tan especial de la vida nos permitamos reconocer nuestras debilidades, aceptando el estado de ambigüedad emocional en que nos encontramos.  Si nos damos tiempo, nos tenemos paciencia y nos alejamos de las exigencias propias y del entorno, los sentimientos de angustia y frustración serán menores, y podremos concentrarnos en lo esencial: atender las necesidades de nuestro bebé. En ese camino iremos descubriendo naturalmente la mamá que somos,  ganando  seguridad y confianza en el nuevo rol, donde hallaremos incontables satisfacciones.

 

En definitiva, el puerperio es un proceso de adaptación al rol maternal, que acompaña a su vez la adaptación del bebé a la vida extrauterina. Podemos establecer con certeza su inicio en el momento del nacimiento, en ese primer encuentro con el bebé real, pero su duración es variable, porque los tiempos que cada mujer devenida madre necesita para alcanzar el equilibrio emocional y afectivo son diferentes. De cualquier modo, suele situarse su culminación hacia los 2 años de vida del bebé.  Allí es cuando comienza a ser niño, a diferenciarse como un ser separado y distinto de la madre; empieza a nombrarse a sí mismo, a decir “yo”. Generalmente esto además coincide con el inicio del jardín maternal.  Muchas cosas se acomodaron desde aquellos primeros días en casa con el bebé donde reinaba el caos. En ese tiempo fuiste recuperando gradualmente tu lugar de mujer, la sensación de volver a ser la misma de antes y el interés en cuestiones que van más allá de tu hijo.

 

Compartir con otros lo que sentís, reconocer tus necesidades y pedir ayuda, hace más saludable y armoniosa la travesía por esta etapa  ineludible, llena de sorpresas y descubrimientos, donde se instala para siempre el vínculo de amor más genuino y disfrutable de la vida.

 

Lic. Gabriela Nelli y Lic. Mariela Lopardo de Alojar y Criar

 

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