Nada como el calor de una madre…



                       
    AMOR, PROTECCIÓN Y LA MEJOR ESTIMULACIÓN…

Todas las crías de los mamíferos necesitan ser tocadas amorosamente para lograr un buen desarrollo físico, mental y emocional. Y aún más el cachorro humano, ya que el ser más inteligente de la creación es el que nace más desvalido, con el cerebro muy inmaduro, y necesita más que ninguno el contacto físico con sus padres.

El tacto es el único sentido imprescindible y el primero en desarrollarse. A tu recién nacido, mamá, tus caricias le llegan muy dentro. “Lo más profundo de nuestro ser está en la superficie”, escribió el poeta Paul Valery. Y los científicos han descubierto que en la piel existen diferentes canales para conducir las sensaciones táctiles hasta el cerebro, de modo que el tacto amoroso de una caricia no sigue el mismo conducto que el que carece de esa intención afectiva. Es ese toque especial que tiene el amor.

Encima tuyo, tu hijo se siente seguro y reconfortado. Todo está bien y es comprensible en su pequeño mundo. Si tomo el pecho, tal vez evoque el sabor de la leche y esboce una sonrisa de satisfacción (la sonrisa social, como gesto de comunicación, surgirá más tarde). Su carita se apoya en tu tórax y escucha el latido de tu corazón, que conoce desde el embarazo. También siente tu voz vibrante cuando le dices palabras de cariño. Y además, en esta posición puede intercambiar miradas contigo, porque la distancia entre sus ojos y los tuyos es de 15-20 cm, justo a la que él puede enfocar la vista en las primeras semanas.

Calor, amor, protección, alimento y la mejor estimulación. Pegadito a vos lo tiene todo. Y vos te sentis feliz…

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